Ariadna y el Señorío de Otazu
Ariadna y el Señorío de Otazu
En un valle del territorio de Navarra, entre terrenos montañosos y verdes planicies, se encuentra el Señorío de Otazu. Innumerables viñedos alineados a distancia, nos trazan una ruta hacia el centro de esta comarca, donde se encuentra el edificio central de la Bodega de Otazu.
La historia y la contemporaneidad se mezclan en un paisaje que ofrece la conjunción de dos tipos de arquitectura. Tanto construcciones de los siglos XV y XVI como edificaciones recientes, comparten un mismo objetivo: respetar la historia a través de la conservación y crear un nuevo entorno artístico basado en una mística que aflore en cada rincón de la construcción.
La elaboración del vino es parte de un patrimonio intangible de la cultura y en esta bodega se ha sabido erigir el escenario adecuado para albergar y dar testimonio de este arte milenario.
El vino y su elaboración nos remontan a legendarias costumbres del Mediterráneo y en la Bodega de Otazu se conjugan la tradición pagana y la cristiana. Al ingresar en su nuevo espacio, el visitante respira una atmósfera mística y se sorprende al encontrar un verdadero templo, una especie de catedral, el perfecto escenario para el dios Dionisos, pero también para un cristianismo que encuentra en el vino la transformación, en la tierra la producción y en sus habitantes la tradición.
Bóvedas sucesivas, naves levemente iluminadas, techos bajos que aumentan la solemnidad dan cabida a toneles de roble perfectamente alineados y enfrentados a un espacio frontal, donde se encuentra una antigua prensa de uva que oficia de altar, rodeada por esculturas contemporáneas que celebran con sus imágenes un continuo homenaje a una deidad: el vino.
Arquitectura antigua y contemporánea, religión, mitos y leyendas se integran en una confluencia de elementos, que muestran una planificación global basada en una filosofía de respeto por el arte y la cultura, como bases para desarrollar un negocio devolviendo a la comunidad lo que a ella pertenece: su cultura.
Este entorno místico nos remite al rito de Dionisos, dios del vino, según la mitología griega. Entre las obras de arte dispuestas en este escenario, encontramos una escultura de Manolo Valdez que se titula Ariadna, verdadero homenaje a la mujer y a la mitología.
Ariadna, hija del Rey Minos, ayuda a Teseo a vencer al Minotauro de Creta y a desandar su camino, proporcionándole un hilo para poder salir del laberinto en el cual éste se encontraba. Pero posteriormente al ser abandonada por Teseo, el dios Dionisos la rescata en la playas del Mediterráneo y se enamora de ella.
Manolo Valdez, dentro de la serie de sus esculturas dedicadas a la mujer, toma el tema de Ariadna y la embriaga en una cabellera que evoca el hilo con el cual ella salvó a Teseo, pero también su pelo evoca el ritual dedicado a Dionisos, en un giro no controlado de un baile ceremonial, en el movimiento estático de la escultura, que participa en este nuevo ritual contemporáneo de la Bodega del Señorío de Otazu.
Expresión sencilla y espectacular de un solo elemento, el cabello, que engloba un concepto de continua creación de una tradición, de un culto sin interrupción.
La arquitectura, las luces, los objetos de arte, el ambiente, la rutina diaria de cada trabajador de la Bodega de Otazu parecen estar en perfecta coordinación para crear y re-crear esa mística perfumada del olor de la uva en su proceso, del color de su maduración y del vaivén de un líquido mágico en cada degustación.
Delia Negro
Nuestro agradecimiento a los Señores Sola-Camps por haber hecho posible esta visita.
WELCOME TO CHICAGO BALLPLAYERS, GODS AND RAINMAKERS
WELCOME TO CHICAGO BALLPLAYERS, GODS AND RAINMAKERS
¨ La cultura indígena de América fue una cultura interrumpida y la América deseada fue la América destruida ¨ . Carlos Fuentes (Iberoamérica)
El 16 de septiembre el Art Institute of Chicago abre sus puertas a una exhibición sin precedentes de esculturas mesoamericanas, en el año del bicentenario de la independencia de México del poder colonialista español y del centenario de la Revolución Mexicana de 1910.
Ese nuevo espacio plagado de luz y de modernidad del Art Institute of Chicago da la bienvenida a esculturas milenarias, Jugadores de Pelota, Dioses y Proveedores de la Lluvia, que parecen entrar al recinto abriéndose camino triunfal frente a un acervo museístico tradicional, que poco ha destacado el arte primitivo mesoamericano como fuente de conocimiento.
Entre el azul plumífero del quetzal, el verde jade de la piedra y el rojo sangre de los sacrificios, cada escultura emerge de la tierra madre como una representación viviente de esa constancia de siglos, de ese ritmo cósmico establecido entre el hombre y la naturaleza. Cada una de ellas parece recordar al observador, que el equilibrio cósmico se ha desajustado y que su existencia ha sido olvidada por siglos.
Este simbolismo de correspondencias entre el ser humano y el orden natural, era el pensamiento dominante de los habitantes del territorio mesoamericano en el siglo XVI. Cada elemento que la tierra ofrecía era un regalo que el hombre debía recibir con el compromiso de preservarlo; cuidarlo y prestigiarlo eran las razones de su propia existencia.
El hombre de Mesoamérica pasó de nómade a sedentario, de guerrero a agricultor, y en ese nuevo espacio de permanencia debió organizarse imitando el escenario natural en el que le tocaba vivir.
Cada una de sus actividades estaba organizada con el objetivo de mantener ese
orden natural del cosmos y la comunidad cumplía su misión hasta la excelencia. Cada uno de sus gobernantes o jefes de la comunidad tenía la responsabilidad de cuidar ese orden inviolable que los dioses exigían. El culto, los sacrificios, las ofrendas, las edificaciones y hasta los juegos de pelota estaban destinados a la glorificación de cada deidad. En este proceso de cumplimiento de un destino sin opciones, la expresión artística se multiplicaba en la adoración y en un lenguaje estético cada vez más refinado. Fue así que las piedras preciosas, las plumas, los colores se mezclaron en una ofrenda cotidiana a los representantes de los poderes regeneradores o destructores de cada fenómeno natural, de beneficio o castigo según la conducta humana.
Es así que esta exposición organizada por el Art Institute of Chicago, el Museo de Antropología de México y el Museo Arqueológico de Xalapa, tiene un significado muy relevante, no solamente por los hechos históricos que conmemora, sino por su contenido y su filosofía. Su apreciación nos remite a una estética primitiva y cada imagen remarca un objetivo con el cual nos identificamos en este siglo XXI: la pérdida del control de nuestro ambiente natural y la dificultad de crear conciencia entre nosotros mismos.
La representación del dios Tlaloc nos da la bienvenida en la entrada del Museo Antropológico de Ciudad de México, su imagen es el agua, Tlaloc es ¨néctar de la tierra en lengua nahualt; ¡el agua!…una de las mayores preocupaciones contemporáneas.
Ya a principios del siglo XX muchos visionarios buscaban el arte primitivo como fuente de inspiración para su expresión estética, …..¿estaremos nosotros también a principios de un nuevo siglo, volviendo nuestras miradas hacia fuentes de sabiduría milenaria para enfrentar los difíciles tiempos que se avecinan?, ¿ estaremos reivindicando a esa América destruida e interrumpida?
¡Bienvenidos a Chicago Jugadores de Pelota, Dioses y Proveedores de la Lluvia!
DELIA NEGRO
Este articulo fue publicado en www.arteyvidachicago.com
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MANY TIMES – JUAN MUÑOZ Y LA ESCULTURA DEL MURMULLO Y EL SILENCIO (español 1954-2001)

Juan Muñoz, Many Times, 1999. Polyester and resin, Dimensions variable Private Collection. Photo by Jean Luc Lacroix © The Estate of Juan Muñoz, Bilbao 2008
MANY TIMES – JUAN MUÑOZ Y LA ESCULTURA DEL MURMULLO Y EL SILENCIO
(español 1954-2001)
Formas humanas casi idénticas, ojos en blanco, multiplicación inquietante de figuras sin pies, imágenes monocromáticas en gris, y un espacio que re-valoriza la superficie vacía y se incorpora como complemento indispensable del grupo escultórico…Su nombre Many Times y su autor el español Juan Muñoz, uno de los grandes escultores de nuestro tiempo, lamentablemente fallecido prematuramente en el año 2001.
La escultura contemporánea ya no es más un volumen independiente; es mucho más, es un contenido y un concepto. Valora el espacio y su entorno, y la superficie donde se ubica es tan importante como su propia materia.
Esta instalación de Juan Muñoz crea por sí misma espacio y silencio, murmullo y superficie. En ella aparecen voces sin sonido, ojos sin pupilas y risas mudas que convocan a un acercamiento casi imposible del espectador, en una inmovilidad inexplicable de cada ser.
Su propuesta invita al observador a integrarse a ese espacio creado y la interacción con el escultor se establece con espontaneidad. Es en ese momento cuando ambos se reconocen a sí mismos como partícipes de un mal general e insoslayable: la incomunicación.
En la obra de Muñoz la soledad del ser humano se hace evidente y la complicidad con su público se hace notoria, en un espacio de multitud, sin voz que se comunique, sin pies que se muevan, sin color que los diferencie, sin nombre que los identifique. En un aislamiento en lo individual, cada una de las figuras nos invita a relacionarnos en una imposibilidad de comunicación infranqueable. Parece ser ésta una parodia de las grandes concentraciones de este nuevo siglo, contrapuesta a las agrupaciones tradicionales de civilizaciones mesoamericanas, donde las comunidades siguen viviendo y obteniendo actualmente, la misma energía milenaria, de la comunicación y la participación.
Ruido y silencio, multitud y soledad, ausencia y presencia, familiaridad y extrañamiento, estatismo y movilidad, así se definen los enigmas narrativos de Juan Muñoz, escenificados en una propuesta escultórica teatral, real e ilusoria de lo cotidiano, en “constante cuestionamiento de la realidad desde la ficción”, según palabras de Sheena Wagstaff curadora de la exhibición itinerante organizada por la Tate Modern de Londres y que en estos meses está recorriendo varios países europeos, como homenaje al escultor desaparecido.
Delia Negro
Lectura recomendada: “Juan Muñoz, interviewed by Paul Schimmel from the book Juan Muñoz” http://www.press.uchicago.edu/Misc/Chicago/042901.html
MOLAA Y SU SUBASTA ANUAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO LATINOAMERICANO
MUSEUM OF LATIN AMERICAN ART – MOLAA Y SU SUBASTA ANUAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO LATINOAMERICANO – LONG BEACH – CALIFORNIA
El 20 de septiembre el MOLAA ha abierto al público una extensa exhibición de arte contemporáneo latinoamericano, como muestra previa para la subasta que se realizará el 18 y 19 de octubre en el propio museo. Esta subasta anual de Long Beach- California es ya tradicional para el mundo del arte latinoamericano, evento que el MOLAA realiza desde el 2006. Año a año la calidad de las piezas expuestas se ve mejorada, situación que agrega cada vez mayor interés al evento. Su organización aplica un criterio de selección exigente y presenta una propuesta accesible y puesta al día con la realidad latinoamericana, al mismo tiempo que abre oportunidades a los artistas emergentes, en un mercado ávido de renovación. Obras de reconocidos artistas plásticos como también de jóvenes con gran potencial, aparecen desplegadas en las amplias instalaciones de la institución y abren una oferta prometedora y motivadora a un público que encuentra todas las opciones de inversión.
El MOLAA es el único museo en Estados Unidos dedicado exclusivamente al arte de Latinoamérica y fue fundado por el coleccionista Robert Gumbiner con el objetivo de educar al público sobre la expresión plástica de una región, muy poco conocida en este hemisferio. Debe destacarse la función social y de divulgación que la institución desarrolla, la calidad que ofrece y el esfuerzo que requiere su organización. El museo cuenta con una significativa colección permanente, que complementa con exposiciones itinerantes y programas de formación, como también ha creado los PREMIOS MOLAA, incentivo anual para el reconocimiento de los nuevos exponentes del arte de la región.
Delia Negro






