Cartelera de Delia Negro

Comentarios y tendencias sobre arte contemporáneo en Latinoamérica y España

SYDIA REYES Y EL DESPERTAR DE “LOS BELLOS DURMIENTES”

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SYDIA REYES Y EL DESPERTAR DE “LOS BELLOS DURMIENTES”

Por los años 70 vivíamos en Caracas y la llegada de una exposición de esculturas de Henry Moore al Museo de Bellas Artes de la ciudad, conmocionó a toda la población. Fue necesario remover un sector del techo del museo, para que las grúas pudieran depositar en las salas, las monumentales esculturas recién llegadas desde el exterior. Este acontecimiento se convirtió en el mejor anuncio publicitario para la exposición y la expectativa formó largas colas a la entrada del museo.

En aquella ciudad de las casas grandes y las cosas grandes, los espacios eran los de la abundancia… en la arquitectura, en el diseño urbanístico, en el arte, en la música, en la literatura…y también lo fue para la escultura. Esta apertura al exterior amplió la motivación, y la inspiración y la creatividad lograron la renovación y el crecimiento acelerado de una disciplina que hasta el momento había tenido un lento desarrollo. La escultura comenzó así a transformarse en una expresión de carácter volumétrico y conceptual, geométrico y profundamente plástico. Muchos fueron los artistas que hicieron posible esta transformación y la lista de nombres es extensa comparativamente con otros países latinoamericanos.

Una de sus máximas exponentes, Sydia Reyes, radicada actualmente en Chicago, inicia su carrera allá por los años 90. La huella de ese ambiente entusiasta y monumental de su propia tierra, es notoria en cada una de sus obras. La denuncia social adquiere en ella un matiz de fe y confianza en lo que hace y transmite al observador el placer de la contemplación, en el entusiasmo y la esperanza. El carácter social y conceptual de cada una de sus obras se irá intensificando en lo geométrico y será éste el camino que esta escultora escogerá al lanzarse a la conquista del espacio. Ángulos, rectas, curvas y figuras geométricas disiparán la abstracción y despertarán a cada objeto urbano en su simbología y en su metáfora de lo cotidiano. Entre los materiales más usados, el hierro y el acero serán sus protagonistas

Para esta escultora la calle es su propio escenario; es el espacio inagotable y es el proveedor constante que cada día le ofrece un verdadero desafío. Sus ojos apoyándose en cada objeto, van recogiendo imágenes y materia, encontrando en lo metálico el mayor atractivo. Objetos inmóviles, desechados, sin vida útil, intrusos en la imagen cotidiana, se ablandan, se aflojan, se retuercen, se alargan y se ensanchan frente a la mirada de Sydia Reyes. Cada caño, alcantarilla o durmiente parecen personajes en busca de un autor; parecen caprichos a la espera de que alguien los recoja, les inyecte creatividad y los convierta en objetos no perecederos en el mundo del arte, alejándolos definitivamente de lo utilitario y lo cotidiano.

El escenario elegido para su ubicación posterior seguirá siendo la calle; pero cada objeto después de ser intervenido por esa visión selectora y de extremada sensibilidad plástica, pasará a ser observado y su categoría dejará de ser utilitaria para convertirse en estética y artística, recuperando así una función ciudadana muy por encima de lo utilitario.

La lectura de las obras de Sydia Reyes nos remite a lo subterráneo en la calle y en el espíritu, a lo que va por debajo de la alcantarilla o por debajo de lo visible; sugiere soledad y opresión, pero al mismo tiempo ofrece también una reivindicación a través del hecho artístico.

Su escultura es social y urbanística, es acusadora y estética, pero es también salvadora en su discurso. La pesadez conceptual y material parecen flotar en el espacio y la genialidad de la escultora transforma el hierro, el acero o el aluminio en vasos comunicantes de una preocupación netamente social.

Visitar su estudio es poder mirar el mundo desde donde ella misma lo hace como observadora de lo urbano…una vieja edificación de ladrillos y hierros cobija un extenso espacio, gris, amable y acogedor. A través de grandes ventanales que parecen servir de puntos de observación del cambiante devenir cotidiano, se puede observar “desde lo subterráneo”, el ángulo inferior de una autopista, motivo de inspiración para cada trabajo a emprender. Un día es un árbol vacío que denuncia la invasión de lo metálico sobre el bosque, otro día es un hierro “descarriado” que parece danzar en el movimiento de un punto fijo, o tal vez una rejilla de gran tamaño que evoca los durmientes, “los bellos durmientes” de cada vía, de cada camino, de cada vida.

Delia Negro

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Written by Delia Negro

octubre 24, 2006 a 11:58 pm

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