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ELADIO DIESTE: ARQUITECTURA DE LUZ, BARRO Y ONDULACIÓN

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ELADIO DIESTE: ARQUITECTURA DE LUZ, BARRO Y ONDULACIÓN

En una época de rebeldía casi adolescente de un país pequeño como Uruguay, todavía en proceso de formación estética y conceptual propia, Eladio Dieste egresa de la Universidad de la República con el título de ingeniero; es el año 1943. El nuevo profesional conoce las corrientes modernistas que se están expandiendo en Europa en ese momento, entre ellas a Le Corbusier. Pero más cerca suyo encontrará ideas igualmente vanguardistas representadas por Joaquín Torres García y el arquitecto Antonio Bonet de origen catalán y profundo conocedor de Gaudí, piezas claves en el desarrollo de una idiosincrasia local y creativa, que rehusaba seguir adoptando corrientes foráneas y que sin embargo, fomentaba el descubrimiento de la belleza en lo propio, en lo autóctono, en la tierra, en el suelo, en el hombre, en lo propiamente americano, tratando de desarrollar una identidad y una personalidad racional del ya maduro nuevo continente.

Teniendo en cuenta esta atmósfera de cambio, el ingeniero Dieste comienza a explorar en su entorno. Desea crear edificaciones que sean totalmente producto local, adaptadas a un contexto cercano y vivido por cada habitante de su país. Es así que concibe la idea de expandir distancias largas sin soportes alternados, con la mayor luz natural y amplios espacios que puedan albergar a mucha gente, sumándole a ellas rapidez en la construcción y una economía adaptada a la situación del país. Considerando la disponibilidad de materiales que el mercado local le ofrecía, ladrillos y mano de obra fueron los puntos de mira para la viabilidad de las estructuras calculadas. Pero Eladio Dieste no era solamente ingeniero, era además un pensador, un humanista y fue así que no se contentó con cálculos de estructuras y se marcó objetivos estéticos y sociales.

La arquitectura de Eladio Dieste es plástica, social y humanística y su originalidad e innovación, están en su pensamiento orientado hacia sus usuarios… “la productividad y la eficacia no son fines en sí mismo” diría este innovador… “el fin del hombre sí lo es”. Es así que el cálculo se humaniza y adquiere un fin social; es el hombre el que adquiere el protagonismo y el diseño creativo de la estructura surgirá en función de su uso.

En su búsqueda de una arquitectura de identidad cultural acorde con el clima, el suelo y su gente, Dieste analiza el paisaje del potencial sitio de construcción y la función del mismo, creando nuevos espacios sensibles a las necesidades locales.La luz, elemento cósmico, y el barro, elemento telúrico, unidos a la forma limpia y sencilla de la razón, le proporcionarán la medida de su creación y esta medida es la ondulación topográfica de un suelo de repetidas colinas.Las paredes onduladas de Dieste parecen moverse buscando la resistencia del sostén, acompañando la orquestación de un evento colectivo entre el hombre y su entorno, entre la imagen, la música y la poesía.

Ladrillo a ladrillo comienza la construcción y ese movimiento repetido del obrero, parece expresar la unidad comunitaria en un mismo ceremonial de construcción espiritual, representación visual del levantamiento de antiguas catedrales, anónimas y colectivas. La mayoría de sus obras fueron pensadas y construidas para albergar a grupos humanos: iglesias, galpones industriales, terminales de ómnibus, depósitos. Pero es en las iglesias donde él mismo siente la culminación conceptual del propio diseño, la Iglesia Cristo Obrero de Atlántida y la Iglesia San Pedro de Durazno.

Desde la intimidad devota de la iglesia románica o desde la liviandad elegante de las catedrales góticas hasta la originalidad estilística de Gaudí parecen estar presentes en la arquitectura de Dieste y en ella se suceden los espacios creando una imagen repetitiva en la función creadora del hombre y su ejecución. Cada pieza, cada ladrillo, cada hombre son parte de un todo, de un liviano sostén que se construye con la razón y el pensamiento, adaptados a su entorno y posibilidades, comprobando así que los modelos exportados y deshumanizados del propio contexto, no cumplen con la función social que el genio de Dieste quería transmitir.

“La forma es un lenguaje, y ese lenguaje debe sernos inteligible; estamos ansiosos de inteligibilidad y, por lo tanto, de expresión. Parte del desasosiego moderno se debe a la ausencia de expresividad legítima, a que nos rodean cosas que ostentan un hermetismo que es la negación de lo que supondría la fraternidad que damos por supuesta y que naturalmente debería leerse en la obra del hombre en el espacio”

Eladio Dieste

Delia Negro

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Written by Delia Negro

octubre 16, 2006 at 2:16 am